Mi sexo te quiere,
te quiere oĂr gemir y sollozar.
¡Una y otra vez! ¡hasta el fondo!
eyaculo con obstinaciĂ³n.
Tu esfĂnter se vuelve mĂ¡s acuoso
y mĂ¡s crece mi perversa obsesiĂ³n. El Sacerdote
Mi sexo te quiere,
te quiere oĂr gemir y sollozar.
¡Una y otra vez! ¡hasta el fondo!
eyaculo con obstinaciĂ³n.
Tu esfĂnter se vuelve mĂ¡s acuoso
y mĂ¡s crece mi perversa obsesiĂ³n. El Sacerdote
La pareja perfecta
Cuando le veĂa la primera vez en el juzgado de la capital, quedĂ³ fascinado por ella: Una mujer delgada, elegante, con el cabello largo y bien cuidado. Siempre llevaba vestidos femeninos y elegantes, y a pesar del frio que hace en esta altura, llevaba siempre sandalias, sin medias. Aunque era descendiente de unas de las familias tradicionales del paĂs, llevaba una vida modesta, tenia una auto pequeño y muchas veces fue al mercado para hacer compras, vestida con vaqueros y suĂ©ter, y siempre con sandalias modestas en sus pies perfectos. QuedĂ³ fascinado de su apariencia y soñaba con sus pies y con lo que iba a hacer con ellos si fuera su rehĂ©n un dĂa.
Y cuando el cuartel mandĂ³ secuestrarle a ella, porque su trabajo como abogada de derechos humanos perturbaba demasiado el negocio, el se hizo cargo y formĂ³ parte del equipo que entrĂ³ en la habitaciĂ³n del hotel pequeño donde dormĂa durante sus estadĂas en la capital. Se alegrĂ³ mucho a ver que ella aunque era bien frio en la noche estaba durmiendo en cueros. Otra vez quedaba fascinado por su belleza, sus brazos y piernas largos, con manos y pies finos y elegantes. Sus senos no eran muy grandes, mas bien pequeños y colgaban un poquito. TenĂa pezones grandes que estaban elevados por el frio obviamente. Fue cloroformado y atado, le enrollaron en una alfombra y fue llevada al trĂ³pico a una casa aislada en el campo. AllĂ le toca a cuidarle a ella.
Han pasado dos meses ya, y hace el dĂa del secuestro permanece atada a las muñecas y tobillos con cuerdas blandas y anchas, el mismo se ocupĂ³ de atarle, apretĂ³ las cuerdas con cuidado, pero bien estrecho para que ella siempre note su ataduras. Su cabeza permanece escondida debajo una capucha roja, le pusieron una mordaza grande tipo pelota, ademĂ¡s cerraron sus pĂ¡rpados con cinta adhesiva negra. Y quedaba permanentemente desnudo todo el tiempo. Le ha explicado bien la situaciĂ³n, todo fuera para su seguridad y para prevenir problemas con su cuerpo y sus necesidades.
Regularmente comprueba que no haya problemas por las ataduras. Las cuerdas con las que estĂ¡n atados tanto tiempo muñecas y tobillos ya han irritado la piel allĂ¡, que esta enrojecida y excoriada. Cada movimiento des sus manos y pies le debe provocar un poco de dolor.
Cada mañana se despierta desnudo a lado de ella, duermen lado a lado en una cama. Sentir su cuerpo firme y cĂ¡lido durante la noche le provoca una erecciĂ³n masiva, que permanece por largo tiempo. Al empezar a acariciar y besar suavemente la mujer a su lado, ella se despierta tambiĂ©n. A ella gusta este tratamiento, empieza a temblar dĂ©bilmente en todo el cuerpo y cuando el toca sus labios privados, nota que son bien mojados. El masajea sus manos atados, que son hinchados y sienten frĂos. Su pene parece explotar despuĂ©s de un rato, y el se arrodilla cerca des sus pies atados y despuĂ©s de chupar sus dedos y lamerlos frota su miembro entre ellos, hasta que le corra.
DespuĂ©s se levantan y el la trae al baño. La mete en la ducha, poniĂ©ndola de pie que no es fĂ¡cil porque tiene dificultad de mantenerse verticalmente. DespuĂ©s de quitarla la capucha la moja con agua tibia y enjabona todo su cuerpo, la limpia y la seca meticulosamente. Le trae en la cocina donde esta sentada en una silla, sus brazos colgando sobe el respaldo. El toma una cuerda y le ata manos y pies juntĂ¡ndolos, como en un hogtie, para evitar que se mueva. Aprieta las cuerdas de lo mas posible y ella se queja gimiendo en la mordaza. El le besa y la acaricia, despuĂ©s se prepara en el baño, se ducha, se viste y empieza a preparar el desayuno. Se sienta en la mesa, al lado de ella y le quita la mordaza. Ella suspira y abre la boca, el la alimenta y le da a beber, agua y cafĂ©. DespuĂ©s de colocar la mordaza nuevamente, y la capucha sobre su cabeza, le desata de la silla y la trae otra vez al baño, para que se evacue. Limpia sus partes intimas con cuidado, su labios estĂ¡n hinchados y hĂºmedos y cuando le toca allĂ¡ ella tiembla otra vez. Ella casi todo el tiempo tiene los pezones elevados y endurecidos a pesar del calor que hace acĂ¡ y es claro que la situaciĂ³n le calienta mucho a ella. Pero hasta ahora no le ha penetrado y no va a hacerlo, a el le basta con mirarla, atada como esta, no mas.
Durante el dĂas, el le pone en hogtie. La primera vez, cuando acercĂ³ sus manos atados a los pies, empezaba a gemir rĂ¡pidamente, porque sus mĂºsculos fueron tensionados fuertemente, algo a que no era acostumbrada. El era cauteloso, dejĂ³ mucho espacio entre los manos y pies y despuĂ©s de una hora le desatĂ³. DespuĂ©s de moverle a otro sitio se dio cuenta que su sabana estaba mojada y le quedĂ³ claro: A ella le gusta tambiĂ©n ser atada de estĂ¡ manera!
A partir de ese dĂa aumentĂ³ el tiempo que ella tenĂa que pasar en hogtie hora por hora y acercĂ³ tobillos y muñecas cada vez mas. Ahora es posible para ella quedar atada asĂ todo el dĂa, desde el desayuno hasta la cena, cuando le desata. Los dedos des sus manos atados ya pueden tocar sus talones con facilidad. Soporta la fuerte tensiĂ³n en sus brazos, piernas y la espalda por mucho tiempo y cuando empieza a gemir la acaricia y la besa, le da a beber y lava su cuerpo caliente con agua tibia. AsĂ pasan las horas, y finalmente se dedica a sus pies, que estĂ¡n hinchados, pĂ¡lidos y bien frĂos: Los da un masaje y despuĂ©s de chupar los dedos los lame por completo con dedicaciĂ³n. Falta poca hasta que ella llegue a un orgasmo, con contracciones fuertes por todo el cuerpo, y le desata rĂ¡pidamente. Cuando la fuerte tensiĂ³n que tortura su cuerpo desaparece, ella estira piernas y brazos con un suspiro intenso. Le prepara para la noche, le da a comer y beber otra vez, seca el sudor que cubre su cuerpo y le da un masaje completo, de los pies hasta la cabeza. Ella se relaja, se estira y el se acuesta a su lado, abarcĂ¡ndola en sus brazos, los dos se duermen rĂ¡pidamente.
Es su pareja perfecta. ¿Pero cuanto tiempo va a dura su relaciĂ³n? Nadie lo sabe....;
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